Enfrentó a delincuentes que habían asaltado a una mujer

En la ciudad de Tartagal, un joven resultó herido con un arma blanca cuando los redujo.Luego del suceso, le dijo a El Tribuno que teme por su vida y la de su familia.

Un joven de Tartagal se enfrentó a manos limpias con dos delincuentes que minutos antes habían robado la cartera de una joven que paseaba por la plaza San Martín y ahora teme por su seguridad y la de su familia. Pasado el momento de nerviosismo, él mismo recomienda no actuar de esa manera por los riesgos que significa para una persona de bien enfrentarse con delincuentes y, sobre todo, ahora teme por su seguridad y la de su familia, luego de haber puesto a disposición de la policía a los delincuentes.

“Me hervía la sangre”

El joven relató que vivió el fin de semana anterior una verdadera odisea al defender a una chica que había sido asaltada por delincuentes en pleno centro de Tartagal, y hoy teme por su propia seguridad porque los malvivientes a los que redujo lo tienen plenamente reconocido, luego de su valiente y a la vez audaz actitud que evitó el robo de una fuerte suma de dinero. “Actué por impulso al ver a una víctima atacada por estos delincuentes, pero hoy me siento desprotegido porque me conocen, y tengo temor de que los detenidos una vez que recuperen la libertad o sus cómplices quieran tomar represalias contra mí o mi familia”, comenzó relatando el muchacho, quien pidió reserva de su identidad, pero le pidió a la Justicia y sobre todo a la Policía protección por algún tiempo ante las actitudes que puedan tomar los delincuentes.

El servicio

El joven recordó: “Todo se produjo el domingo pasado en horas de la noche cuando andaba dando vueltas en mi vehículo por el centro de la ciudad; cuando cruzaba por la plaza San Martín vi el momento en que dos delincuentes que andaban en moto le sacaban la cartera a una chica y salían huyendo en dirección a la avenida 20 de Febrero. La chica estaba acompañada por un muchacho y aunque el chico los corrió no logró darles alcance; ante esa situación yo salí por detrás de los delincuentes a bordo de mi auto y los seguí por varias cuadras a una prudente distancia; cuando ellos creyeron que habían logrado su cometido y que nadie los perseguía comenzaron a circular más lentamente, lo que me dio tiempo a alcanzarlos. A la altura de las calles 20 de Febrero y Necochea, los dos cruzaron hacia el paso a nivel con dirección a Villa Gemes”.

El joven siguió relatando: “Cuando cruzaron el paso a nivel temiendo que se me podían perder de vista aumenté la velocidad y me acerqué un poco más a los dos delincuentes que agarraron por dos calles de tierra y ya transitaban por detrás de la iglesia de Villa Gemes por la calle Echeverría; cuando se dieron cuenta de que yo los estaba persiguiendo quisieron emprender la fuga pero como la calle es de tierra, con muchas piedras, está en malas condiciones y había charcos de agua cayeron de la moto, situación que aproveché para irme encima de ellos”.

Cuando el muchacho descendió de su auto y se abalanzó sobre los delincuentes vio que uno de ellos tenía la cartera que momentos antes le había arrebatado a la joven. “Yo estaba tan indignado que actué de una manera que no es recomendable porque nunca se sabe si tienen armas blancas o armas de fuego. Pero estaba ciego de la ira de ver cómo se aprovechan del descuido de una mujer que no lo pensé y me les fui encima a los dos”, dijo. Con toda suerte, al caer uno de los delincuentes había quedado golpeado por lo que apenas podía defenderse del joven que sorpresiva y literalmente cayó encima de ambos. “Reconozco que estaba ciego de la bronca porque estos sinvergenzas siempre se aprovechan de las mujeres, de los ancianos, de las madres que van con niños porque atacan a los más débiles; en ese momento solo quería darles su merecido y recuperar la cartera de la chica que, pobrecita se había quedado a los gritos en la plaza”, dijo.

Ningún vecino se acercó a ayudar. Con uno de los malvivientes golpeado y el otro reducido, el joven continuó recordando: “A los gritos les pedía a los vecinos que me ayuden para que no se escapen y que llamen a la policía; algunos salieron a la puerta, miraron pero ninguno se acercó ni llamó a la policía con lo que me queda más claro que más peligroso que los mismos motochorros es la indiferencia de personas que pueden ser de bien, pero que no les interesa absolutamente nada de lo que le pasa al otro. En esa calle la oscuridad era total y si no fuera por las luces de mi vehículo, no hubiera podido verme ni las manos. La cuestión es que lo tuve sujetando al delincuente como 20 minutos hasta que recién llegó la policía y se lo llevaron”.

Cuando logró reducirlos a los dos motochorros “se acercaron dos amigos de los delincuentes y se llevaron la moto en la que circulaban por lo que imaginé que también era robada. Cuando estos otros malvivientes se acercaron tuve un poco de temor porque estaba yo solo, regalado como se dice vulgarmente contra los cuatro que se ve eran conocidos entre ellos”.

“Por eso le pedía a una familia que estaba en una casa donde habían varios hombres que me dieran una mano para que los delincuentes no se escapen pero me miraban y nunca se acercaron a pesar de ver que yo estaba solo, luchando con los dos chorros”.

Un hecho de violencia extrema pero con final feliz
La inseguridad es un tema preocupante no solo en Tartagal sino en todo el norte.

La pierna lastimada de un joven anónimo.

Afortunadamente, el hecho tuvo un final feliz porque la mujer recuperó la cartera con la totalidad del dinero y los dos delincuentes quedaron detenidos por personal policial que llegó al lugar.

El joven relató a nuestro matutino que actuó por instinto y sin ninguna otra razón.

También aseguró sentirse preocupado por la inquietante inseguridad pública de la ciudad de Tartagal. El héroe de la jornada dijo, además: “No la conozco a la chica, nunca le pregunté si tenía mucha o poca plata; pero actué de una manera que podía verse como irresponsable; al parecer la policía no puede hacer nada para evitar el accionar de esta gente. Resulté con una herida en la pierna, con mucho nerviosismo que todavía me dura pero no se salieron con la suya más allá que ahora tengo temor porque cuando salgan -lo que seguramente será en unos días porque así es la Justicia con esta clase de gente- me tienen identificado, ellos y los otros que se fueron en la moto. Habrá que defenderse porque así sea un celular, no hay derecho a que le quiten a la gente lo que compraron con esfuerzo”, reflexionó el valiente vecino de Tartagal.

Por otra parte, fuentes de Seguridad consultadas ayer por este matutino confirmaron una vez más que los asaltos en la modalidad de motochorros no pudieron ser erradicados y que se producen casi a diario.

Fuente: Diario El Tribuno por Cristina Carrazan

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