El gesto de Gabriel Boric con Alberto Fernández es toda una definición de la relación bilateral entre Chile y la Argentina que ya está en curso. El flamante presidente lo eligió para compartir discursos en la residencia oficial de Cerro Castillo, en Viña del Mar. Quiso que hablara él entre otros mandatarios de la región presentes en el almuerzo de bienvenida. Estaban Pedro Castillo de Perú, Luis Arce de Bolivia, Mario Abdo Benítez de Paraguay, Luis Lacalle Pou de Uruguay y Guillermo Lasso de Ecuador. Los dos oradores se habían saludado antes con un abrazo en el Congreso de Valparaíso, durante el traspaso del mando. La ceremonia fue una sinfonía de gestos. Uno solo resume el acento político -más allá de los protocolos-, que el exdirigente estudiantil le imprimió a su juramento como la máxima autoridad del país. Se acercó a la expresidenta de Brasil, Dilma Rousseff, una de las invitadas especiales, y se fundió con ella en otro abrazo emocionado que la dejó conmovida. La escena puso más en evidencia la ausencia del ultraderechista Jair Bolsonaro, representado en el acto por su vicepresidente, Hamilton Mourao.

El presidente argentino había despedido primero a Sebastián Piñera cuando ingresó al Congreso para cumplir con la entrega del mando. Fue un apretón de manos, un intercambio de palabras de circunstancia. La contracara fue el saludo de Fernández con Boric, tal vez el más extenso junto al que se prodigó el chileno con el presidente de Bolivia. El estilo del exreferente estudiantil, descontracturado y en los márgenes del protocolo, extendió el tiempo de salida hacia la calle, generó pedidos de selfies y diálogos cara a cara entre los mandatarios en un lugar reducido para la crispación del personal de ceremonial.

Ahí estaba Fernández cuando lo abordó un grupo de periodistas de la televisión chilena y el presidente, con alguna que otra humorada, dio algunas definiciones políticas. Se refirió a la relación bilateral, a la asunción de Boric y lo que representa para Latinoamérica, además de comentar el posible encuentro entre ambos en la Argentina, que sería el primer país que visitaría el presidente más joven de la región.

A la pregunta sobre qué sintió cuando Boric lo invitó a compartir sus discursos en la recepción a todos los representantes extranjeros en Viña del Mar, señaló en tono ocurrente: “Creo que fue un error del presidente haberme dado semejante honor. Pero por supuesto estoy honrado y agradecido. Con gusto lo haré porque tengo la mejor opinión del presidente chileno Boric. Creo que tengo un discurso escrito, pero voy a improvisar”, declaró sobre las palabras que diría después en la residencia de Cerro Castillo.

Comentó que en su discurso hablaría sobre “el futuro, porque estamos viviendo tiempos muy difíciles. Una guerra se ha desatado y es casi inconcebible que después de tanto dolor causado por la pandemia la gente muera en una acción bélica. Tenemos que reflexionar para el futuro entonces. No puede ser que tanto dolor no haya servido para que seamos mejores como humanidad”.

También respondió a la pregunta sobre qué representa para Latinoamérica la presidencia de Boric: “Yo digo que los chilenos hoy deben estar muy felices porque han vivido un momento de mucha conmoción social y han resuelto la situación respetando la institucionalidad y ese es un mérito de todos los chilenos. Habla bien de la calidad democrática de Chile, de la calidad institucional del país”.

“Nosotros tenemos una enorme expectativa como la tiene todo el mundo. Tener en América Latina a un presidente de 36 años genera eso, una gran expectativa. Es un presidente que tiene valentía, coraje y que pone sobre la mesa temas de debate que, tal vez, otros no ponen. Yo tengo la mejor expectativa, para mí Chile atesora un futuro definitivamente bueno”, agregó Fernández.

Una periodista le pidió su opinión sobre la generación de políticos jóvenes que representa Boric y hoy llegan al poder con ideas de izquierda. El presidente argentino afirmó: “los gobiernos son los que eligen sus pueblos, yo no hago distinciones de ese tipo. Lo que sí digo, es que haya un presidente de 36 años es un gran desafío para él, es un gran mérito de Chile que haya confiado en esa juventud. Yo lo conozco a Boric, sé cómo piensa. Y para América Latina es un gran impulso también, porque es un chileno que piensa en América Latina y a nosotros nos pone muy contentos”.

Cuando lo consultaron por las relaciones con la Argentina llegó el momento más acalorado de la entrevista espontánea. “Todos me preguntan lo mismo y no sé por qué me lo preguntan. Nosotros tenemos vínculos indisolubles que nunca se pueden romper, ni quebrar. Hemos vivido en épocas de dictaduras momentos de tensión, pero en la democracia cualquier problema lo hemos podido resolver conversando. Yo sería muy ingrato si no dijera que, con el presidente Piñera, que no piensa parecido a mí, si tuvimos algún problema pudimos dialogar y eso es lo que debemos hacer. Nosotros creemos en el multilateralismo, creemos que los conflictos entre las naciones se resuelven por la vía diplomática y el diálogo. Y así tenemos que trabajar. Y estoy seguro que con Chile vamos a trabajar mucho y bien”.

Antes de cerrar el diálogo con una respuesta a la visita de Boric a la Argentina, Fernández se permitió una humorada futbolera, de esas que pretenden distender apelando a una pasión popular compartida por los pueblos: “estamos decididos a olvidar las dos Copas América que nos ganaron”, recordó. Del viaje del nuevo presidente chileno a Buenos Aires comentó: “Para mí sería un inmenso honor recibir a Gabriel y que fuera la Argentina el primer país que visita”. 

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