El riesgo de que el cohete chino que quedó fuera de control luego de separarse de la estación espacial de Pekín cause daños en la Tierra es “extremadamente bajo”, aseguraron este viernes autoridades de ese país, después de que Estados Unidos advirtiera sobre un posible peligro.

“La probabilidad de causar daños es extremadamente baja”, dijo el vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores, Wang Wenbin, al señalar que “la mayoría de los componentes se destruirán” al entrar en la atmósfera.

Las autoridades “informarán de la situación de manera oportuna”, agregó, luego de que expertos militares estadounidenses señalaron que el cohete Long March 5B podía caer en la superficie entre este sábado y el domingo.

China lanzó el jueves el primero de los tres elementos de su estación espacial, la CSS, que fue propulsado por un cohete Long March 5B, y es el cuerpo de este cohete el que aterrizará en los próximos días, consignó la agencia AFP.

Tras la separación del módulo espacial, el lanzador comenzó a orbitar el planeta en una trayectoria irregular, perdiendo altura lentamente, haciendo casi imposible cualquier predicción sobre su punto de entrada a la atmósfera, y por tanto de su punto de caída.

China invirtió miles de millones de dólares en su programa de exploración espacial, para reflejar su creciente perfil global y poderío tecnológico, siguiendo los pasos de Estados Unidos, Rusia y Europa.

De esta manera, el espacio se convirtió en el más reciente escenario de enfrentamiento entre China y Estados Unidos.

El lanzamiento del primer módulo de la estación espacial china “Palacio Celeste” en abril pasado, con equipo de soporte de vida y espacio habitacional para astronautas, marcó un hito en los ambiciosos planes de Pekín de establecer una presencia humana permanente en el espacio.

El presidente Xi Jinping lo calificó como un paso clave en “la construcción de una gran nación de ciencia y tecnología”.

Con el retiro de la Estación Espacial Internacional (ISS), previsto para después de 2024, la de China será la única estación espacial en la órbita terrestre y si bien las autoridades espaciales de ese país dicen que están abiertas a recibir colaboración extranjera, no han dejado claro el alcance de esa cooperación.

La Agencia Espacial Europea envió astronautas a China para recibir capacitación que les permita trabajar en la estación espacial cuando entre en funciones.

China también anunció en marzo planes de construir, junto con Rusia, una estación lunar separada.

Esa instalación, planeada para la superficie o la órbita de la Luna, estará equipada para realizar investigaciones experimentales y será el mayor proyecto de cooperación espacial de China hasta la fecha.

El cohete Long March 5B no es el primero en el que China pierde control de un componente espacial que regresa a la Tierra.

Su laboratorio espacial Tiangong-1 se desintegró al reingresar a la atmósfera en 2018, dos años después de que dejó de funcionar, aunque las autoridades chinas negaron haber perdido control de la nave.

Dada la altitud a la que se halla el objeto, entre 150 km y 250 km, es difícil de prever aún lo que puede suceder, puesto que las capas de la atmósfera más bajas son más vulnerables a las variaciones de densidad.

“No podemos saber cuándo caerá”, dijo Nicolas Brobrinsky, jefe del departamento de Ingeniería e Innovación de la Agencia Espacial Europea (ESA).

Aunque las previsiones serán más precisas a medida que pasen las horas, “incluso una hora antes del impacto, la incertidumbre será grande”, añade el experto.

La única certidumbre es que el objeto se halla en una órbita inclinada de 41 grados respecto al ecuador terrestre, por lo que solo puede caer en la franja comprendida entre las latitudes 41 del hemisferio Norte y Sur, lo que incluye por ejemplo buena parte de América Latina, el sur de Europa y África.

La probabilidad de que impacte en una zona habitada es “ínfima, de menos de un millón sin duda”, aseguró Brobrinsky.

En 2020, los restos de otro cohete Larga Marcha impactaron en varias aldeas de Costa de Marfil provocando daños pero sin dejar heridos.

Según cifras dadas por la Nasa, en enero de 2020, hay unos 20.000 objetos en la órbita terrestre de tamaños superiores a 10 cm, que son vigilados por radares y telescopios.

En 60 años de vuelos espaciales, se registraron unas 6.000 entradas incontroladas en la Tierra de grandes objetos fabricados por el hombre y uno solo alcanzó una persona, sin herirla, según el experto de la ESA Stijn Lemmens.

Télam.

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