Luego de que el ministro de Economía, Martín Guzmán, pusiera sobre la mesa públicamente los puntos que traban la negociación con el FMI, no se verificó ningún apoyo de las grandes entidades empresarias a favor de la posición argentina. En 2003, cuando Néstor Kirchner dejó impago un vencimiento con el FMI para forzar un acuerdo, hubo un comunicado unificado entre la Cámara de Comercio (CAC), la Unión Industrial (UIA) y la Asociación Empresaria (AEA).

En diálogo con Ámbito, el investigador del CONICET Martín Schorr, autor del libro “El viejo y el nuevo poder económico en Argentina”, explicó que en la élite empresaria no todos tienen la misma mirada. Donde hay consenso absoluto en todas las cámaras empresarias es en el pedido al Gobierno de acelerar la negociación y cerrar con el FMI, para evitar lo que consideran sería una “catástrofe”, en caso de no acordar.

En el análisis hay dos niveles, describió Schorr: “Están los que acompañan la negociación, porque en definitiva les conviene el modelo exportador que el Gobierno acordó con el FMI para pagar la deuda, con dólar competitivo, recomposición de precios relativos y beneficios a los sectores transables que se debatirá en el Congreso”. “La pelea con el FMI no está en un modelo de país que el poder económico rechace, sino más bien en uno para el cual tienen empatía”, agregó.

En diciembre, para cuando se esperaba cerrar el acuerdo, importantes cámaras mostraron su apoyo al Gobierno. Lo hizo la UIA, a través de su presidente, Daniel Funes de Rioja, que junto a Alberto Fernández, en el cierre de la conferencia industrial afirmó que la deuda se iba a resolver de la “mejor manera posible”. Dentro de la mesa chica de UIA, consideran que podrían mostrar mayor dinamismo en el apoyo, pero no lo hacen en parte por la ideología de la conducción y la “estacionalidad” de plenas vacaciones.

Para Schorr, el acuerdo con el FMI y una salida exportadora significa “articular un frente sin confrontación”, entre el poder económico local y el establishment financiero internacional. “Dentro del poder económico está la cúpula exportadora, que es el núcleo estable, que se asegura los dólares con un tipo de cambio alto y beneficios para exportar. Y del otro lado gana el FMI y el capital financiero internacional que cobra la deuda. Es un golazo para las dos partes”, describió el investigador. “El planteo de la salida exportadora es funcional a las empresas grandes que concentran el 75% de las exportaciones”, enfatizó.

Pese a que muchos sectores empresarios ven con mejores ojos la propuesta del FMI de tender rápidamente al equilibrio fiscal, contra el gradualismo que propone Argentina, igualmente apoyan la negociación de Guzmán. “Recomponer precios relativos y un tipo de cambio alto la gente lo va a sentir. Si a eso le sumas un ajuste del gasto, que es lo que está peleando Guzmán, tenés un descalabro social que pierden todos. Las miradas más lúcidas del establishment dan cuenta de esta discusión”, explicó Schorr. “Lo que si va a tener que consensuar el Gobierno con el poder económico es que la salida exportadora sea sin salarios bajos, porque el salario real no crece desde hace 4 años”, agregó.

Otras cámaras importantes, como la CAC, que no son afines al Gobierno, salieron al respaldo. En diciembre publicaron un comunicado titulado “la CAC apoya la negociación del gobierno con el FMI”. En diálogo con Ámbito, Mario Grinmann, presidente de la entidad, aseguró que “hay momentos de la vida económica de un país donde hay que tomar posiciones en beneficio de un país, y no de un gobierno”. De todos modos, aseguró que mantener el déficit fiscal “no soluciona nada, porque vas a tener que pedir plata para financiarlo”, y pidió “hacer los ajustes necesarios”.

En tanto, entidades muy importantes del poder económico aún no se expresaron. No lo hizo la Asociación Empresaria, que nuclea a los dueños de las empresas más grandes del país, ni el Foro de Convergencia Empresarial, en donde hay cámaras empresarias de compañías extranjeras, como Amcham de EE.UU., y todas las entidades agropecuarias de la mesa de enlace, como la Sociedad Rural. Según comentaron, por el momento no se expresarán, porque consideran que no tienen los detalles de la negociación, y porque antes debería dejar de haber “versiones contradictorias dentro del Gobierno”.

Si bien no se expresaron a favor de la postura argentina, Schorr hizo una importante aclaración. “Tampoco salen a patear el tablero, porque lo que se discute no es el modelo económico o el impago de la deuda, sino la viabilidad social de un ajuste”, describió el investigador. El motivo por el cual no se expresan es político. “Están en modo wait and see, con una negociación muy larga y ante un Gobierno que ven como débil, no van a salir a aplaudirlo hasta último momento, están especulando”, afirmó Schorr. En 2020, AEA salió a felicitar al Gobierno recién después de acordar con los acreedores privados. “También está la cuestión ideológica y por último un sector minoritario más salvaje que no convalida nunca mantener ingresos en sectores populares”, agregó.

Además, para Schorr y para empresarios consultados por Ámbito no es comparable el apoyo unificado que dieron las cámaras en la negociación de Kirchner y Lavagna en el 2003. “Venías del 2001 y estaba el temor de que pudiera dinamitarse todo otra vez”, afirmó Schorr. Pese a los desequilibrios macro actuales, como el déficit fiscal, la brecha cambiaria y la inflación, que no estaban en 2003, en ese año la situación social era más delicada en materia de pobreza y desempleo.

Antonio Aracre, CEO de Syngenta, opinó: “Era otro país en donde tocaste fondo, y eso junto a la iglesia era un factor aglutinador. Ahora necesitamos desprendernos de los conflictos internos, tanto políticos, como empresarios y sindicatos”. El CEO estuvo en un encuentro con Guzmán en enero, junto a ejecutivos de otras compañías, en apoyo a la renegociación.

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