La jefatura de Policía de Misiones inició un sumario interno contra el comisario Marcelo Chismiski por haber compartido un fotomontaje del dictador Jorge Rafael Videla, condenado a prisión perpetua por 469 crímenes de lesa humanidad en 1985. La imagen exalta la idea de que con la «gorra» de expresidente de facto «no habría más» gorras de pibes chorros.

Chismiski sigue en funciones y es jefe de la Unidad Regional XI de Policía de Aristóbulo del Valle, un municipio ubicado en el centro de Misiones. El jefe policial hizo la publicación a favor de Videla en su perfil público de WhatsApp a pocas horas del presunto intento de suicidio de un menor de 17 años en la comisaría de Campo Grande, dependiente de Chimiski, ocurrido el domingo a la madrugada. Su madre, Nely Ferreira, aseguró que un par de días antes su hijo le contó que había sido torturado por uniformados, y presentó la denuncia ante la fiscal de Instrucción Myriam Silke. «Está delicado pero ya comenzó a despertar», dijo Ferreira a Página12. Su hijo habría sufrido la tortura denominada «submarino seco«.

Según la información publicada en una nota de Daniel Villamea en El Territorio, Chimiski tiene a su cargo la Unidad Regional de la cual depende la comisaría de Campo Grande, una localidad de 6.000 habitantes, que el fin de semana se vio conmovida por el supuesto intento de suicidio de un adolescente que está internado en terapia intensiva. En la denuncia que hizo su madre sostuvo que a Gabriel, de 17 años, lo venían persiguiendo desde hacía semanas por la acusación de un crimen que no cometió. Incluso detalló que estuvo preso veinte días por una contravención, ruidos molestos, pero antes de ser encerrado en el juzgado de Paz, le dijo:

–Tengo la cabeza llena de globos por los golpes que me dieron.

Gabriel permanece en terapia intensiva por una infección pulmonar y dificultad de oxigenación en sangre, lo cual para la familia no habría sido consecuencia de un intento de suicidio. Su mamá retiró de la comisaría donde lo tenían alojado un bolso con ropa mojada y la sospecha de que lo hayan sometido a una práctica de tortura denominada submarino seco, que consiste en sumergir la cabeza envuelta en una bolsa.

El comisario Chimiski estuvo en servicio en Oberá, de donde era el joven de 15 años desaparecido y asesinado Josías Galeano, pero fue trasladado a Aristóbulo del Valle. «Es un personaje nefasto de la policía misionera, lleva impregnada la matriz represiva de la institución, tiene denuncias por excesos», dijo a este diario una fuente local, que agregó que la jefatura tan sólo le dio una «suave reprimenda» al apologista de Videla. El fotomontaje trascendió porque algunos de sus colegas expresaron su repudio.

¿Suicidio en la celda?

En diálogo con Página12, la madre de Gabriel Alexander Pintos, dijo: «Según la policía, lo buscaban desde hace un mes con una orden de detención por unos robos, él ni dormía en la casa, se quedaba por los montes». Nely Ferreira vive en Oberá, pero sus hijas que estaban en Campo Grande le decían que la policía merodeaba en forma permanente sus casas. El 19 de junio ella viajó a verlo, le dio su teléfono celular para avisarle sobre su mudanza a Oberá. Pretendía llevarlo a una fiscalía de menores para hablar de su situación, de lo que lo acusan y de la persecución.

–No pudo ser –dice la mujer–, el 20 de junio montaron un operativo, a mis hijas les llegó un mensaje que decía que era un asesino, me preocupé muchísimo por lo que le podía pasar cuando lo encontrasen.

Ese lunes 20 perdieron comunicación con Gabriel. A las 20, sus vecinas le avisaron sobre la detención.

–Me agarró desesperación, ya había sido muy golpeado por la policía cada vez que lo agarraban –dice–. Llamé por teléfono a la comisaría antes de ir, y les advertí que si tenía alguna marca los iba a denunciar. Me respondieron que no me preocupara, que mi hijo estaba bien.

Dos días más tarde, el miércoles, al llegar al juzgado de Paz, Gabriel le dijo a su mamá que no tenía marcas en el cuerpo pero sí en la cabeza. «Tengo como globos», dijo. Finalmente le dieron 20 días porque un vecino se quejó de que escuchaba música fuerte. Era 22 de junio. Nely fue a reclamar que no le habían entregado el abrigo que necesitaba por el frío.

–Llegué a la celda, el policía le dió las frazadas, y yo recogí sus camperas, estaban todas mojadas. Mi hija Gisela de 19 años me dijo después: ‘Le habrán hecho lo mismo que a mí’, con las manos esposadas le ponían la cabeza en un balde, le pegaban y le decían que cuente dónde estaba su hermano –describe la mujer.

Ferreira está en la guardia del hospital de Oberá, cuidando a su hijo. Durante un momento de descanso. «No podía creer lo que vi –continúa–, estaba en terapia intensiva, en coma, no podía entender lo que pasó, el papá había ido a la comisaría y le dijeron que estaba todo bien, y cuando llamé nadie mencionó nada sobre un suicidio, la comisaría dijo que estaba solo y eso no es cierto, tengo mis dudas de lo que haya pasado ahí«.

Todos tienen miedo, Gabriel decía que iba a denunciar a la policía por las golpizas previas, pero cuando salía se mantenía en silencio. Ferreira hizo la denuncia ante la fiscalía. «Espero que mi hijo pueda despertar y contar lo que realmente pasó, si llegó al punto de querer suicidarse ahí adentro fue porque no aguantó el maltrato».

Caer parado

Chimiski era el jefe de la comisaría de Villa Bonita cuando asesinaron a Hugo Miguel Wasyluk, hallado muerto en una celda de la seccional primera de Oberá el 27 de abril de 2011. En diciembre tuvo lugar el juicio oral y tres ex policías fueron condenados a prisión perpetua, y otros dos policías de la misma dependencia fueron sentenciados a 8 y 5 años de prisión. Chimiski ni siquiera fue imputado. Según publicó Daniel Villamea en su blog Noticias de acá, el comisario siempre se jactó de sus contactos políticos como salvavidas, por lo cual no sería la primera vez que «cae parado».

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