— Hay niños autistas, adultos mayores, personas enfermas. No podemos estar con batucadas a las 3 de la mañana –argumentó el funcionario porteño.

— ¿Antes no estaban los niños autistas cuando iban a gritar contra Cristina los “republicanos”? Iban hasta con megáfono –contestaron los dirigentes del Frente de Todos.

— Bueno, iban un rato nada más. No estaban todo el día. Fijemos un horario. Hasta las 22, por ejemplo –propuso el hombre de Rodríguez Larreta.

— Nosotros no le podemos decir a la gente que corten a una hora. No son robots. No hay acampe, no hay feria, no hay fuegos artificiales. Es muy tranquilo — insistieron los peronistas.

— Yo tengo de los míos que me piden que mande un helicóptero artillado y que los barra, me dicen que soy un tibio  –se defendió el de Juntos por el Cambio.

— Esa es tu interna. No puede terminar en que le dejás a la policía que resuelva el problema –le terminaron el diálogo los dirigentes peronistas.

Palabras más, palabras menos, esto fue lo que se viene conversando entre funcionarios del gobierno de la Ciudad e integrantes del gobierno nacional. Los protagonistas fueron variando. Felipe Miguel, Jorge Macri, Marcelo D’Alessandro, los porteños; Aníbal Fernández, Wado de Pedro, Juan Martín Mena, del lado del gobierno nacional. Son algunos de los que participaron de los diálogos, por teléfono y en vivo, desde el sábado, todos los días y a todas las horas. Incluso al cierre de esta edición mientras el gobierno nacional decidía dar un paso preventivo e instalar a la Policía Federal en la casa de CFK.

— Están llegando micros de Ituzaingó. Y detectamos barras bravas de Temperley de Deportivo Morón. Te mando la infantería –volvieron a la carga los de la Ciudad de Buenos Aires.

— Estás delirando. Hay 50 personas, todas tranquilas. No molestan a nadie. ¿Quién te dijo lo de los barras? ¿Los que tenés filmando? Mandaron dos containers de piedras y nadie tiró nada de nada. La mayoría son personas que quieren ver a Cristina cuando sale o cuando entra. Y nosotros no vamos a parar a las agrupaciones que se quieren manifestar. Todo esto lo provocaron ustedes con las vallas y el hostigamiento a Cristina en todos los terrenos. La gente salió a defenderla.

— No sé. Los nuestros me dicen que yo les libero la zona. Me quieren matar.

— Ustedes convirtieron una cuestión política en un tema policial. Pusieron las vallas cuando no pasaba nada, cuando la gente estaba tranquila. Se dejaron correr por Macri y Bullrich. Le dejaron las manos libres a los energúmenos que patotearon a Máximo. Provocaron, filmando desde balcones y terrazas. 

— Algo teníamos que hacer. Nos estaban puteando todos los nuestros. Nosotros lo que te garantizamos es que no vamos a dejar a los «republicanos» que vuelvan a esa esquina. 

— ¿Y por qué los dejaste antes? 

Así continuaba el intercambio hasta este lunes en que la interna del macrismo copó casi toda la agenda. Casi. Porque a la tarde, volvieron a arrimarse nuevas columnas a Uruguay y Juncal —integrantes del Movimiento 26 de julio— aunque pasaron por allí un rato y después, antes del anochecer, se retiraron. 

La doctrina Bullrich

— Cuando vos manejás la seguridad —arremetió Patricia Bullrich—, no podés mostrarte inseguro. Que ponés las vallas y después las sacás. Que mandás la Infantería y después la retirás. Es simbólico. Te tomaron la calle. Juntos por el Cambio no puede perder la calle.

La feroz crítica de la exministra de Seguridad provocó una tormenta política todavía mayor en la oposición. De paso, es público y notorio que Bullrich mintió: estando al frente de Seguridad, las marchas y piquetes siguieron y desbordaron las vallas una y otra vez.

«Son declaraciones desafortunadas, funcionales al kirchnerismo. Me generan mucha desilusión porque el país nos necesita más unidos que nunca. Recibimos todo el apoyo de Juntos por el Cambio», contestó Felipe Miguel. Pocos minutos más tarde, en medio de la pelea, Elisa Carrió y la Coalición Cívica salieron a apoyar a Rodríguez Larreta, mientras que los alineados con el dúo Macri-Bullrich redoblaron la apuesta: “Me tienen harto los que primerean con sus decisiones inconsultas y después toman cualquier crítica que se les hace como un ataque a la unidad. Para verticalistas ya están los peronistas. Funcionales a ellos son los que no se animan a disputarles el poder”, twiteó Fernando Iglesias contra los larretistas.

La mirada de JxC y la del FdT

La base es que unos y otros se mueven con la idea de que hay que militarizar la Recoleta, impedir que la gente se manifieste, usar los hidrantes, algún disparo de goma, unos cuantos gases y llevarse cien detenidos. Polemizan alrededor de la táctica. Saben, además, que ningún dirigente del peronismo le dirá a la gente que se vaya, entre otras cosas porque es un movimiento espontáneo que no se frena con una orden de nadie.

Es la respuesta a la persecución, empezando por la judicial, pero también por los «republicanos» que iban a Juncal y Uruguay a gritar que la metan presa a Cristina, pena de muerte, horca. Algo rebalsó el vaso: el fiscal y el juez jugando en el mismo equipo de fútbol, el alegato provocador y en tono de show, el contenido de clase y racista de la ofensiva contra CFK.

Al menos por ahora, nadie sabe cómo va a terminar. Del lado del peronismo hablan de buscar cierta convivencia —que no haya petardos ni cantitos a la noche—, pero de ninguna manera frenarán la protesta. Y del lado del macrismo, las vacilaciones están a la orden del día. No esperaban semejante tormenta y no saben como enfrentarla.

Por ahora, el gobierno nacional dio un paso preventivo. Aníbal Fernández anunció a través de sus redes que enviarán a la casa de CFK custodia de la Policía Federal. «Hemos tomado la decisión de ampliar la custodia de la compañera Vicepresidenta de la Nación, a la custodia de su domicilio, independientemente de la custodia personal de la PFA que siempre la asistió».

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